martes, 15 de marzo de 2011

Que me duelen los ojitos

Al final he podido llorar, ha sido en el coche, volviendo de llevarle cosas a mi sobrina María, la de cinco años, la que cree en los fantasmas y en los monstruos. Yo aun no le he dicho que llegará un momento en el que desaparecerán y sabrá que son de mentira, y que increíblemente, luego llegará otro tiempo en el que vuelva a creer en ellos. Pues eso, que he llorado conduciendo, los semáforos en rojo, el del coche de la derecha mirando, el de la izquierda acelerando. Y yo en medio sin querer meter primera, me quería quedar ahí quietecita, que me dejen aquí, con los ojos cerrados, el rimmel cabalgando por los labios y el maldito sabor salado en la lengua. Y llovía un poco, así me guiñaba un ojo la vida, que la he oído gritarme que si yo estoy mal, ella también va mal. Y al contrario. Esta última parte me la he inventado un poco. Si yo estoy bien ella no tiene por qué ir bien, pero tú la ves diferente. Total, que he llorado. He conseguido llorar. Es suficiente.

4 comentarios:

Lenka dijo...

Siempre es bueno soltar lastre. Las lágrimas nos suelen asustar (coño, pero si yo creía que estaba bien!), pensamos que son un retroceso. Yo creo que son justo lo contrario.

Besos!

Nebroa dijo...

Me sentaron de muerte... La sal suele llevarse otros lastres :)

Cerocero dijo...

me alegro!! =) he de hacerlo no?

Nebroa dijo...

Cero! sí, vinieron bien... después pude bucear mejor...
Ojalá todos entendiésemos que las lágrimas son la expresión física de la tristeza y que, igual que no puedes contener la risa cuando estás alegre, no se pueden contener las otras gotas cuando bajamos el vuelo :)