domingo, 13 de marzo de 2011

Oxígeno

Bien no estoy, lo sé por el olor que percibo cuando me muevo. Huele igual que la chimenea recién apagada en mi casa de campo, cuando mi madre vertía agua sobre el fuego minutos antes de volver a nuestro hogar habitual. Nos pasábamos la tarde alrededor de tres troncos a los que les seguía la pista incansablemente para ver cómo iban desapareciendo. Yo hoy huelo a eso. A fuego apagado. A cenizas. Al salir apagábamos las luces, cerrábamos el agua y dábamos la única vuelta que la llave era capaz de dar, una sola. Pues un poco así. Parecido. Antes de que la puerta se cerrara, yo miraba dentro y me asustaba la oscuridad que dejábamos atrás. En pequeñito, aun prendidas, las chispas del fuego seguían sonando bajito. Y yo pensaba que si, un domingo, mis padres me olvidaban allí, sólo podría esquivar el miedo metiéndome dentro de la chimenea, el único lugar donde aun quedaba luz y algo de calor. Y contaba con quemarme, y aun así, ese era el único lugar donde permanecería si se olvidasen de mí. Huelo a oscuridad tras el día, a fuego mojado. Y me aferro al poco calor que aun me habita, contiene luz, calidez... y el resto de elementos necesarios para volver a prender. Me quedo con eso.

6 comentarios:

Para dijo...

Desde aqui soplando para avivar esos rescoldos.

taio dijo...

superb

Maeve dijo...

Dios! Yo he vivido esto...

Nebroa dijo...

Para... Ya noto el aire. Gracias

Maeve... Y qué tal? Quemaste a alguien? Algo? A ti?

David dijo...

duro, contundente, afilado... me gusta

Saludos

Nebroa dijo...

David... Lo que daría, a veces, porque la cruel realidad no gustase... No sé si me entiendes :)