lunes, 14 de marzo de 2011

El castillo era demasiado alto para la pequeña princesa

Es lo que pasa cuando le das demasiadas riendas a la vida. O cuando crees que como dentro todo va bien, fuera irá parecido. Exceso de confianza. Demasiada esperanza. Metas lejanas. Para mí no lo eran, creía que podía ser real, mentalizarte en algo, ponerte en el camino y voila... objetivo conseguido. Se me olvidó que la vida a veces da, sí, pero otras tantas se lo queda. Ya sé que no es un final, que las puertas siguen abiertas, pero tengo la decepción metida entre las costillas, me duelen. Yo quería. Yo pensaba. Yo esperaba. Pero no ha llegado. Y ahora vuelvo a poner los pies en el suelo, las alas semiplegadas y equilibro la mirada para volver a sostenerla hacia el frente. Esto es lo que tengo, una ciudad que no es en la que quiero estar, un trabajo invisible, una amiga que se fue y setecientos días por delante para reconducirme a algún lugar. Vale. A este lado del río el agua, supongo, tampoco deja de moverse, tal vez aprenda a bailar en el próximo océano.

6 comentarios:

CM dijo...

Sólo un apunte... las alas... despliegalas!!

Cerocero dijo...

a todo se aprende...tarde o temprana. Y si no aprendemos al menos nos acostumbramos

rockdelgo dijo...

De ti depende, nadie va a venir a darte el empujón. OPTIMISMO!!

Nebroa dijo...

Lo sé rockero. Lo sé. A veces me concedo tiempo... Quizá llegue, seguiré intentándolo, pero ahora debo meterme en otros caminos, el dinero manda, el trabajo te permite moverte... y es aquí donde ando

rockdelgo dijo...

No te angustie pensar que eres un bicho raro, es bastante común tener estas dudas, contradicciones, angustias... creo que eres muy sensible, lo cual no es malo, eres así y punto. Creo que es mejor ser sensible que un gañán.
ANIMO.

Nebroa dijo...

No sé si mejor, pero como bien dices, es lo que soy... Gracias tú :)