domingo, 6 de marzo de 2011

Cuando me da por visitar las tinieblas

Y matar las horas una a una, desgranando los instantes. El reloj de arena que ahora es de sangre, el pecho dolorido, los ojos en duelo y el resto del cuerpo inmóvil. Moverme aunque no quiera, sin ganas, pero obligar a tus piernas a alzar un vuelo que otrora era fácil. Morirte de pena un domingo cualquiera y volver a nacer al cuarto de hora. Pero el cuarto de hora no llega, ni pasa, ni avanza la vida a favor del viento. Todas las ausencias en fila estrecha, goteando bilis por el norte, saliva seca conquistando un sur que hace demasiado tiempo que se contonea salvajemente por tus entrañas. El sur, el abismo y los malditos gritos de la nada. Joder, cómo pesa a veces el invierno.

4 comentarios:

PazzaP dijo...

El invierno infernal.

Nebroa dijo...

Exactamente, precisamente

PazzaP dijo...

Ey, mira las ramas de los árboles, cuajadas de cómplices primaverales.

Nebroa dijo...

Quizá tengo demasiada esperanza en la primavera