viernes, 4 de febrero de 2011

por la noche

Se ató las manos a la espalda, tanto tiempo con la camisa de fuerza le dejó las ganas suspendidas en el aire que azota bajo sus propias tormentas. Dice que esa será su posición para esta guerra, escondido tras las trincheras de sus propias ojeras. Los brazos de coraza hormigonada. Tan sólo las palabras se le escapan por los dedos con los que yo me invento que querría tocarme. El dolor, el color oscuro, las nostalgia y la mal colocada melancolía cierran el paso lento de su propio entierro. Él no sabe que va muriendo, y yo sólo lo averiguo porque cuándo más viva me muestro, él se va más lejos.

4 comentarios:

jok dijo...

el enemigo interior,,,

Nebroa dijo...

Exactamente...

MK42 dijo...

Es un texto seductor, como siempre lleno de tu extraño magnetismo. Besos y siempre.

Nebroa dijo...

Eme...