jueves, 17 de febrero de 2011

En el taller de ayer

Ayer hubo taller, el de los miércoles alternos donde doy rienda suelta a ganas de aprender consecutivas. Hablamos de las 'mutilaciones' en la literatura. La falta de un órgano, de un sentido, los mancos, los cojos, los sordos y sobretodo los personajes ciegos que han ido apareciendo en los libros a lo largo de la historia.

El ejercicio era: "Imagínate que levantas una mañana y has perdido uno de los sentidos".

Allí casi todos somos libres de hacer más o menos lo que queramos, el ritmo, el sonido del texto, el relato coge la impronta de cada uno y salen párrafos maravillosos. Hay gente a la que escucharías antes de irte a dormir enlatada entre una portada y una contraportada recién estrenada. No es mi caso, más bien condenada a escribir líneas que no llegan a taladrar siquiera los ojos de la que escribe. Pero pruebo, me pruebo y practico, al fin y al cabo, siempre me gustó lo de extraer lo que llevo dentro, y escribir es uno de los métodos que más me gustan para hacerlo. El buen resultado queda relegado a otro nivel al que, ahora mismo, no está entre mis preferencias alcanzar. Yo sólo quiero soltar... Ya veré algún día lo de darle alguna forma interesante.
Salieron tres cosas distintas, ultimamente no me gusta nada de lo que escribo, y doy demasiadas vueltas intentando concretar una idea (mira, lo mismo que con mi vida)... Transcribo uno de ellos, la calidad es mínima, pero es lo que salió:


-No creo que podamos continuar con esto
-¿Por qué? Dijo asustada
-Si un día, de repente, tu memoria vuelve a ser parecida a la mía, si aparece el pasado, de repente, acompañándote como ahora lo hace el presente, dónde quedará nuestro amor?
-También recordaré este amor, aunque aparezcan todos los fantasmas que ahora no percibo. Te quiero a ti. Ahora. Y este ahora será, simplemente, el ayer de mañana. Me alimentaré de recuerdos como ahora lo hago de deseos. Te quiero así, tan directo, nuevo cada día, monstrándote siempre como si sólo para mí estuvieras hecho. Todos los días me enamoro y vuelvo a sentir por vez primera lo que tú ya llevas en las suelas como sello, como marca. Tú te tatúas y yo me pinto colores recién descubiertos cada mañana. Si tú me quieres, sabiendo lo que fui, por qué voy a dejar de sentirte yo cuando volvamos a parecernos?
-Porque Lara, no es lo mismo conocer que descubrir. No llegan al mismo sitio las canciones que escuchas por vez primera que el disco rayado tras cuatro meses. Ni el primer beso se parece al decimocuarto. Mi mirada te trae a ti, cada nuevo día, el mismo aire que yo sólo pude sentir la tarde que, saliendo del cine, me dijiste un te quiero a estrenar sin abrir los labios. Tú vives inflada de sueños, en ese estado insufriblemente pasajero para mí y absurdamente duradero para ti. Yo no puedo seguir con esto.
-Está bien, digámonos adiós. Pero antes de marcharte, te apetece tomar un café conmigo? Acabo de escuchar a cupido gritarme al oído.

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