jueves, 13 de enero de 2011

Padres perfectos...

Porque si siempre se lo das todo, todo y más todos juntos, no podrá aprender que la vida a veces es dura, y cruel y hasta un poco puta. Y que no es real que en la vida se puede tener todo. Y habrá asociación de ideas... lo quiero, lo tengo. Pero luego los días no le traerán el lema efectivo, ni los trucos de magia que hacemos con las lágrimas nos acercarán lo que pedimos. Ni el amor, ni la suerte, ni el dinero ni la salud vendrán sólo por patalear, por gritar o por simplemente desear. Si cuando son pequeñitos concedes, y cedes, regalas y sueltas, les escupes todas las maravillas a tu alcance en sus bolsillos pequeñitos, cuando sean mayores creerán que los bolsillos del alma recibirán lo mismo que aquellos del chándal de la clase de gimnasia de los cuatro añitos sólo con pedir. Pero sólo por pedirlo, el novio no vuelve cuando te deja a los dieciséis, ni las asignaturas se aprueban sin estudiar, ni las amigas te hacen caso en las noches en las que nadie más te hace caso. Y sí, lo aprenden, por cojones, porque no queda otra, pero quizá hasta podríamos ahorrar tuberías llenas de llantos desembocando en las calles de la adolescencia. Aprender antes, cuando aun anda la mente medianamente vacía y sedienta de nuevas pautas, de un nuevo eslogan para cada día sin estrenar. La niñez... Tan rica, tan dulce, tan tierna, puede llevar envuelta en las alas grandes mensajes subliminales, perfectas técnicas de adaptación al medio, enseñanzas que sin saberlo servirán después, cuando las nubes no sean tan blancas como en los cuentos ni el sol brille cada día como en la merienda de las cinco y media

5 comentarios:

Para dijo...

Joder todo lo que has dicho deberia venir pegado a los cordones umbilicales, ahhh no coño que los tiran, ah tampoco que ahora se congelan... ¿y tatuado en el culo?
Vale cada dia hablo peor y pienso mas y menos despacio, pero esta vez no me arrepiento

Lenka dijo...

Al menos deberían imprimirlo en panfletos y grapárselo en la frente a cada postulante a padre/madre. Porque ya no es sólo ese criarles entre algodones y melindres, convirtiéndoles en futuros adolescentes (y adultos casi siempre) débiles, llores, consentidos, amargaos y tullidos emocionales. Es que toda esa amargura se puede combinar con la explosión hormonal de ciertas edades creando una mezcla peligrosa. Es que si a los tres años se le aguantaban todos los berrinches (por el paquete cromos, el chuche, el juguete), quizá a los 15 años sea tarde para el primer "no". Y a lo mejor la criatura no encaja eso de que no puede tener una moto (cómo que no puedo tenerla? La merezco! Soy el Rey del Mundo!) Y es posible (sólo posible) que sus perretas ya no consistan en rebozarse por el suelo llorando, sino en llamar puta a la madre, cabrón al padre o hasta levantarles las mano.

Y es que eso de que "era un niño adorable y de buenas a primeras se volvió así, no sé cómo ha podido pasar, deben ser las malas compañías" es posiblemente la mentira más descarada que unos padres se pueden decir.

Opino yo.

Cerocero dijo...

por lo menos podemos sentirnos los amos del mundo, magos e incluso amantes de la felicidad cuando somos pequeños.

El silencio y otras palabras dijo...

Debería imprimir esto y colgarla de la sala de profesores...
Los chavales han perdido el valor de las cosas y se han olvidado de que cada premio se concede después de una gran obra. Se ha perdido la cultura del esfuerzo.
Pero... ¿Y lo difícil de ser padre? ¿Lo complicado de decir que no? Besos.

Nebroa dijo...

La verdad es que es jodido educar. Debe ser la tarea más difícil de la vida. El momento justo, adecuado, cuándo ceder, cuándo regalar, cómo combinar eso con nuestra propia vida, no sentirnos extremadamente responsables de ellos, no son nuestras propiedades... Soltar un poco, dejarles libres, el equilibrio entre la genética y la educación. Las mentes con ansias de aprender, no cercar, no limitar, no llevarles por el camino adecuado, correcto, preciso que indica la sociedad... Los regalos, los castigos, las palabras, cuándo explicar, cuándo plantarse...
Es jodido. Pero como tantas veces hemos hablado, qué menos que a los padres no se les olvidasen ciertas pautas. Un pequeño esquema, qué puedo hacer para evitar el sufrimiento extremo mañana, qué ideas básicas quiero que vean en mí, qué puedo hacer para que la esponja que tienen en los ojos absorba lo mejor de la vida pero que no olvide que la vida es triste también, y que eso es inevitable...
En fin, me lío, me enrollo demasiado.

Hice esta entrada porque mi sobrina, de 17 años, me la pidió. Así, como suena. Me dijo, tita, escribe algo que hable de todo lo que nos conceden de pequeños que hace que a mí me cueste tanto ahora mismo vivir...

Y salió. Y la quiero mucho. A Alba. Que se llama Alba...