lunes, 31 de enero de 2011

Está a unos cuatro años de mí

Venía. Cuando las tardes anunciaban que el sol se estaba escondiendo. Taladraba palabras en el móvil, acercándose a las mías, y se tocaban, hacían malabares y sonaban a cosas bonitas. Incluso lo que no se decía sonaba bonito. Yo me lo inventaba y el hacía menos de lo mismo. Y quise acercarme, para verle las letras, los poemas y esas reflexiones que siempre van tintadas de gris tirando a negro. Y puso una tonelada de oscuridad en la respuesta. Y empezó a abrir otros balcones. Y más puertas, y más cristales. Hizo crecer el hormigón que sustenta los muros que lo alejan. Y ya no viene. Se asoma. Pero no llega. No quiere llegar.


4 comentarios:

Petardo dijo...

Pronto abrirá la puerta correcta y escapará de los muros celofán con los que se envuelve. Entonces las palabras entre ustedes chocarán con vuestras propias bocas, y comeréis de eso una tardenoche entera, mientras los silencios de almíbar hacendado que tanto usa os cubren con el manto de su misericordia y se hacen oscuridad para vosotros. Por qué darle al interrutor para hacer la luz si en unas horas se hará sola?

Nebroa dijo...

La luz siempre está. No se hace. Está siempre petardooo. Es cuestión de abrir los párpados en el momento en el que uno quiera. O precise. O le apetezca. O lo necesite. O le guste lo que va a encontrar si se enciende, o si le va a desagradar, o a asustar!
Que cada uno lleva su propia llave! y el cerrojo también! ;)

Cerocero dijo...

habrá que darle un empujoncito entonces,no?

Nebroa dijo...

Cero... yo creo que me voy a quedar inmóvil. Más bien ahora preciso empujones yo, y no seguir dándolos, que me he cansado mucho... :)