domingo, 26 de diciembre de 2010

Y se llena el ambiente de versos que terminan en ese, bailamos dentro de la vida un tango, o unas sevillanas sin haber aprendido nunca a bailarlas, se te llenan las esferas de blanco, no tienes cara, es una máscara que se pasea por los bares pidiendo otra cerveza. Saltamos tanto que tocamos algo parecido a las nubes, ya no son negras, ni grises, las voy pintando como me da la gana, sin pintura, sin pincel y sin saber. ¿Y qué te queda en el cajón los domingos por la tarde? Te queda el frío, el vacío y la ausencia de los versos que terminaban en ese. Te quedas tú frente a la ventana, ni llueve, ni nieva ni se congelan las almas. Al revés, al contrario mejor, creo que ni frío hace. Ni calor, evidente. La soledad, que viene a lastimar lo que se quedó abierto antes de partir. Que no llamarán, que no aparecerán, que no asomarán bocas a las que besar. Que no le darás al play para ver la peli que tenías pendiente. Puedes cogerte la manta, el nórdico y hacerte un chocolate caliente. Sigues estando sola, con los sueños de siempre arrastrándose por los suelos, jugando con tus pies, enredándote en los pelos de la alfombra... Todo está bien dentro, por ahí fuera las cosas andan regular...

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