sábado, 18 de diciembre de 2010

Un miércoles cualquiera

Te pondré unos guantes en las manos cuando decidas cogerme esa parte donde termina la espalda... Y abrigaré tus alas recién estrenadas con la escarcha que caerá en Madrid en medio de la semana que nos anuncia nuevas canciones. Llevo leña, y fuego, y palitos de madera en el bolso, para cuando se te corten los labios con la saliva que me dejes verter en ellos. Y una gorra, me llevo una gorra de lana, de la más suave de las ovejas, para enterrar tu cabeza en ella si a tus ideas les da por visitar el polo norte en la despedida de nuestras piernas. Calor y lo cálido de mis letras, ardiendo andan los poemas, los que quería escribirte y nunca brotan, los que me cuento en la almohada y nunca llegan al mar de las miradas. Yo estoy helada, pero acuérdate de que el verano puede estar a la vuelta de la esquina, de las espinas, de las esquirlas, de nuestras huidas. Huye conmigo al año que viene, o quédate en este, me da igual lo que hagas con tus horas, yo sé lo que haría con las mías esta maldita tarde de sábado a solas, en mi cuarto, en mi salón con vistas al suelo... Sé que te traería a mis costillas, para que esculpieras una nueva Ana, que al llegar la madrugada se hubiese olvidado de quién la precedía...

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