sábado, 18 de diciembre de 2010

Se me perdió el sentido

Tengo puestos los guantes de un euro que he comprado esta misma mañana, con los dedos helados, la cabeza congelada y un cerebro que vive el invierno como única estación que nunca pasa. Me voy a la primavera en otros ratos, y comienzo a imaginar que me salen flores de la boca, hasta un arcoiris me cruzó un día la espalda. Hasta invento veranos que no llegan a los cuarenta grados excepto cuando me abrazo a una pared blanca con alguien detrás de los huesos. Sigo girando, que yo lo que quiero es amar el mundo, el de debajo de mis pies y el de encima de mis orejas, y me paro y lo pienso, así lo siento. Se abrirán las ventanas de la vida que me espera justo cuando deje de esperarla. Pero siempre la espero, como su llamada, o sus mensajes o sus te quiero que no son del todo ciertos. Soy. Soy siempre. Soy yo. Y me gusta. Aunque a veces no me guste nada de lo que tengo. Y ahora, que escribiría eterno, que escribiría lejos, que el final de este texto llegaría al final del mundo, me freno. Paro en seco, que la rutina sigue viviéndome a mí y se ha encargado de raptarme. Con la de secuestros que yo cometería... y resulta que soy yo la que al final algo hace desaparecer...

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