sábado, 25 de diciembre de 2010

No me acuerdo de escribirte,
ni de qué lado me acostaba para hacerlo,
no recuerdo haberte ahuyentado,
ni he luchado contra ti,
ni me he peleado con tus sombras.
Ahora miro y no estás como estabas,
no te apareces en los escaparates,
ni cogen las carreteras tu forma,
se te descolgó la diana de la espalda,
y ya no son cimas tus pupilas...
No sé,
no sé cómo ha sido,
que no te busco entre las piedras,
que no te invento encima de mi cama
cuando es otro el que la deshace,
ni te duchas conmigo,
cuando otro se bebe mis aguas.
Supongo que te cansaste
de girar en lo invisible,
de renacer a cada instante,
tanto como yo me cansé
de morderte los dientes,
de hacerte de carne ,
de volver roja tu sangre,
cuando sólo eres un sueño de adolescente.

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