lunes, 13 de diciembre de 2010

Aunque sea nuestro, sigue siendo como hablar del tiempo

Ajeno a mis idas y venidas, envuelto en la misma oscuridad que deja tu sombra cuando caminas por Madrid, o conduciendo al norte, a las antípodas de esta boca que dibuja una 'o' cuando tú hablas, o cuando callas, o cuando piensas en alto sin contarme ni un sólo atisbo de lo que te alienta los adentros. Cercada tu silueta, que es tu piel de acero y yo ya no sé fundir los cerrojos de ningún nadie. Aunque luego me bailes un sonido en la pantalla del teléfono, o me regales canciones de Roy Orbison que no eran para mí ni pretendían serlo. Encima del pedestal eres como un cielo vistiéndose de voces en coro, debajo de la cima, cuando puedo verte los ojos sin mirar arriba, tu eco se parece al infierno que siempre se nos queda en medio. Ya sabes, un bueno, vale, de acuerdo, juguemos a hacer el tonto mientras no haya otra tonta a la que imitarle el acento. Pero me divierto jugando, aunque sepa que muchas veces juego sola. Nos quedan algunos escenarios donde estrenarnos los labios, donde poner las paredes del techo al lado nuestro. Quiero otra media madrugada contigo, con cervezas rubias y negras y alguna que otra farmacia de guardia abierta.
Si tú no los quieres, no te entregaré mis otros sueños...


5 comentarios:

CAOS dijo...

Clap, clap, clap...

¿los oyes? son los aplausos que provocas. Eres grande, niña.

besos desde el caos.

Pamela Andree dijo...

Eres excelente

Daeddalus dijo...

¡Ay,ay,ay!... Sólo eso ;)

estonoesunblogdehistoria dijo...

Fantástica, como siempre...

Nebroa dijo...

Que no dije nada aquí... Pero me sentí esbelta al leeros. Y me gusté. Mucho más de lo que a menudo me gusto. A veces necesitas de otros ojos para ver lo que siempre aparece en el espejo. Así que gracias por ser ellos, a veces.