domingo, 19 de diciembre de 2010

Arrastrando un recuerdo

Me hizo preguntarme qué hay de verdad en los sueños que nacen en el pasado y siguen vigentes en nuestro presente...
Me contó que se bebió el amor hace ahora más de treinta años, que buceó en ese mar que no todo el mundo conoce, donde no hay salvavidas, ni gafas de buceo, ni traje de neopreno ni flotadores en el vientre. Vivió aquel amor sin interrupción, el par se convirtió en un sólo número uno y la vida cogió ese tonillo dorado que sólo el amor es capaz de verter en los días...
Hasta que se acabó. Y se tornó el amanecer oscuro, y vacío, libre y efímero. Hasta hoy. Y me decía que todos los nuevos amores que llegaron después sabían que si aquellos ojos del pasado parpadeaban para él, él dejaría de mirar otros labios y se fugaría al instante a saborear los de ella. Que si ella decía ven, él dejaría todo ese relleno con el que había llenado los huecos para correr tras sus pies descalzos y ponerle zapatitos rojos de charol.
Y me hizo preguntarme cuánto de real tiene un deseo no satisfecho. Cuántos alimentos nos hemos encargado de verter en ese plato para que nunca muera, para que no se apague lo que nos hinchó, cuánto aire cálido, a través del tiempo, hemos soplado encima de una experiencia, de un recuerdo. Cuánto de verdad hay en esa historia de amor eterna y cuánto de nuestra verdad irreal que la mente se encarga de crear...

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