miércoles, 24 de noviembre de 2010

Una de las largas

La semana pasada, en el taller este moderno al que asisto sin saber muy bien aun para qué, hablamos de monstruos, de los que se han paseado por la literatura a través del tiempo, reflejando la sociedad que se gestaba fuera de los los libros y reflejando en las páginas lo que el ser humano del entorno era capaz de entender, comprender, defender o aceptar... acerca del miedo, o de lo desconocido, o del mal. Y bueno, el ejercicio propio era esta vez hablar de un monstruo nuestro, de esos íntimos, que podía ser fingido y real, si es que hay algún monstruo real en el espacio, o siempre nos lo parecerá por creer en él con los ojos cerrados. Total, que la idea es soltar, escribir de maneras que no sean las habituales, frecuentes o naturales, escribir de esa manera que te ayuda a abrirte, a soltar, a investigarte por dentro y bueno, vale, a ver qué sale... No pude. No pude investigarme en nuevas facetas, no describí a una niña con ojos blancos semicerrados, con los pelos enmarañados en medio del pasillo de un hotel siniestro. Aunque me quedé con las ganas. Y lo haré. Lo haré un día de estos. El miércoles tarde salió lo de siempre, un texto más de los emocionantes, no, no, no me refiero a eso, me refiero a que lleva muchas emociones, que es lo único que sé hacer sin esforzarme. Y lo pongo aquí, no sé muy bien para qué, la verdad es que no tengo ni idea aun de por qué vierto aquí lo que expreso... pero eso para otro día...
Va... "Este es mi monstruo, mi propio mal"

"Siempre duerme, o descansa, o me hace creer precisamente eso, que me habita aunque calle, que vive en todos sitios aunque no se muestre, que se esconde en mis ojos, tras la boca; puede poseer los poros y hasta las pestañas que se me cierran de noche. Yo sé que está. Sé que es. Aunque apenas lo vea.
Cuando mis pies recorren el cielo, si le llamo cielo a las calles tranquilas, a los semáforos en verde, a las sonrisas, él calla.
Cuando mis piernas patean abismos, si le llamo abismos a los monstruos que viven en otros, el habla.
La conexión con los iguales lo expande, extiende lazos que son cadenas, cuerdas de acero, eslabones de hierro para atarse a la atmósfera: Son mis tinieblas, todo es más oscuro en su presencia.
Se llama dolor y me aterra. La heroína que cabalga sobre todas las cumbres, la mujer adulta, la persona que acostumbra a vivirme, se esfuma si él aparece.
Y se llama pena, y también tristeza, capaz de comerse mis ojeras, volverlas enorme y negras. Sin piedad se acuesta sobre mi piel inerte, vencida y tan pequeña... Engulle risas, aplasta banderas, se deleita poniendo a lo que de mí queda contra las cuerdas llenas de espinas.
Y lo peor es que sé que aun en lo más recóndito, allí donde absolutamente nadie llega, está escondida la llave de toda esta miseria. Como ser el cerrojo, tener la clave para que un día se venga a vivir a mi vera.
Que lo que más me asusta no es cómo llega, ni cómo se muestra, no es que sin avisar me taladre las entrañas, o haga que me tiemblen las piernas... lo que más me asusta son las barreras. Las que me encargué de levantar entre esos monstruos invisibles y yo misma.
Cuanto más quiero alejarme más grande lo vuelvo, cuantos más kilómetros recorro en su contra, en más veloz lo convierto. Existe, es y está. Colgado de mis rincones, al lado de mis otras riendas, conmigo, en el costado izquierdo o al lado derecho, y sé que no es de otro la autoría, sólo es mía, como míos son los ojos con los que puedo mirar este extraño cuento.
Quizá un día, cuando entienda y aprenda que en mí cabe todo el universo, no me asustará ningún trocito, y viviré con todos haciendo puzzles en la esquina de mi cama, sabré que no hay mal ni bien de manera exagerada, ni que uno u otro extremo del péndulo serían la mejor vivienda, conoceré mis entrañas, mis piezas, mis tesoros, y me haré un collar de luces con ellos, para que me alumbren sólo cuando haya algo que de realmente miedo, en fin, ya saben, esas cosas que suceden por ahí fuera."

Pues eso salió, no era lo que quería, no era lo que pretendía, no era lo que buscaba, pero salió, y así se quedó. Ya me encargaré de ponerle cara y detalles a esa niña interna muerta de miedo si el dolor se le acerca. Pero así salió y así lo cuento.

5 comentarios:

David dijo...

Brilante Nebroa!!
Escrito desde los adentros.
Miedo, dolor , pena...
Sensaciones...vamos a ponerle cara y ojos, a ver si así podemos tumbarlos de una vez.
Un beso.

AN... dijo...

CREO QUE TU MONSTRUO ES CRUEL E IMPLACABLE , NO DA CUARTEL , NI DEJA PRISIONERO ...ES MAS DIRIA QUE ENTRA EN OTRAS VIDAS .
BUEN EJERCICIO LITERARIO FELICIDADES...

Anónimo dijo...

Quizas no sepas porque lo viertes aqui, quizas yo tampoco, pero lo que si se y te digo, es cuanto me gusta que lo hagas y lo que haces, no se si seria lo que pretendias o lo que el ejercicio pretendia, pero me da exactamente igual, a mi me ha encantado y te lo agradezco de esta forma tan poco ilustrada pero... ¿es importante saber las razones? No lo se y viva esa ignorancia. Gracias de verdad
Para

Nebroa dijo...

David, eso decían, que si les ponemos carne y huesos, es más fácil derribarlos. Cuando son difusos, sin nada por donde cogerlos, siempre vencen... Gracias! :)

An, mi monstruo es enorme, cierto. Como cierto es que su parte contraria es tan enorme como él ;)

Para, cómo voy a agradecerte lo bien que me siento cuando vienes!?

Anónimo dijo...

Acabas de hacerlo, asi,,"oir" eso es infinitamente suficiente ;) Para