martes, 23 de noviembre de 2010

Qué frío hace a veces en los rincones donde más fuego vierto, apagadas las luces, y los semáforos en ámbar. Se me hielan las rodillas al andar, aunque sigo andando, aun cuando toda la ciudad está rodeada de murallas y sé que no podré salir a respirar. Los árboles son trincheras, y quiero esconderme... pero siempre se me ve el abrigo saliendo por los lados, muerta de frío, helada. No nieva pero lo parece, que se me cae la escarcha en las pestañas, y ya no parpadeo, sólo parece que esté atenta, o sorprendida, o es que sencillamente me habré quedado de piedra... No sé por qué me sigo quedando en los pueblos fríos que no están en ninguna parte. No sé por qué convierto al polo norte en un destino que pudiera abrigarme. No sé por qué si cada vez hay más nubes en mi cabeza, sigo comprándome paraguas más y más grandes en vez de viajar a otra alfombra, que aunque no sea mágica, me ponga los pies en la tierra.
Me sigo equivocando, yo sé que aquí no era donde yo quería estar.

2 comentarios:

Vir dijo...

A veces no podemos elegir dónde estar, o sí, pero es un esfuerzo demasiado grande... Llegará el deshielo, ya lo verás.

Nebroa dijo...

Escogeré de nuevo Vir, volveré a elegir :)
No sé si llegará el deshielo, pero no tengo más ganas de seguir abrigándome, habiendo otras estaciones donde vivirme
Mua