lunes, 15 de noviembre de 2010

Pero se me perdieron los posters que tenía colgados en la habitación recordándome que podía conseguirlo, todos esos carteles que me recordaban que era capaz, y que casi todo estaría al alcance de mi mano. Y ahora la sensación de pérdida absorbe los rincones y deja agua estancada entre los dedos, que no puedo, que se me van, que me olvidan las bocas que quería besar. Y recompongo trocitos que se fueron quedando en otros sueños, yo quería, yo podía, yo llegaría. Y no llegué, porque no se puede llegar a todos los ojos que miras, ni a la mitad, ni a menos de un cuarto. A veces sale bien, si es que el bien es eso que persigo, y la mayoría sale regumal. Y mientras pues eso, montas los andamios bajo tus piernas, te subes alto y obligas a tu mirada a girar como un faro apagado que busca quien lo alumbre. Mi cruz, supongo, que da credibilidad a las ideas sin sentido.
Qué más le dará a la vida traerme un viernes un regalo que quiera quedarse hasta el lunes? Parece no importarle, o es que cuando hablan de la suerte va a resultar que existe. Y la mía es de las otras. No sé, yo qué sé. Podría haber salido, podría haber surgido, podría haber sido divertido. Pero volví a quedarme perdida buscando un mensaje. Y ya está, que no pasa nada, que sigo andando, aunque ande como los tuertos, ya sabes, con un ojo hacia delante y otro que aun anda buscándote.

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