martes, 23 de noviembre de 2010

Me quedo los besos, porque ya no tengo labios, que se me han gastado. Desgastados los brazos, limados e inútiles aguardan un hueco que cubrir, mientras, me los quedo también. Y las miradas, hacia dentro, que hacia fuera sólo veo estampidas de espaldas. Me voy a quedar también con el jaleo de venas que iban a hincharse recorriendo la sangre de algún ángel maldito. Para el bolsillo. Guardaditas. También me guardo las caricias, que las palmas están secas y ya no vierten pecados. El aliento calentito para este frío invierno, que luego me hielo y nadie me presta su abrigo. Lo del sexo siempre va conmigo, de momento nadie se lo ha restado a mi cuerpo. Y las palabras que se prenden en el universo paralelo que me estaba inventando, para la nevera, las congelo. Todo para mí, todo lo que era de otros, vuelve a ser mío. Tengo más tesoros, pero se me estaban escapando estos y me había dado por regalarlos a quien no sabe nada de lo que cuesta crearlos.

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