martes, 23 de noviembre de 2010

Me dice intensa y cálida. Bueno, le llama así a un abrazo invisible que le he regalado, que dice que se me parece, que es como yo. Y me llama amor... Y yo, que sé que lo soy, me pongo a llorar un poco por dentro. Porque ayer y hoy lo he escuchado alguna que otra vez, y me lo he empezado a creer. Y lloro por no saber saborearlo. Mi propio corazón, digo, que no sé ponerlo en un pedestal y adorarlo. O al menos mirarlo con cariño. O protegerlo. O salvarlo.

5 comentarios:

Vir dijo...

Hasta que haya alguien que consiga que te lo creas. Existe. Mientras tanto, ve ensayando...

silvo dijo...

No se como no somos capaces de ver lo que los demás sii hacen, de nosotros, debes saborear Nebroa lo que percibimos de tí, que nos gusta, por eso venimos a comentar y a leerte, besos

mi dijo...

Qué curioso que unos magnifiquen sus virtudes (incluso se las inventen) y otros no sepan valorar como deberían las que no sólo existen, sino que además son tan especiales.

Si es que el equilibrio es imposible!

Muaaaaaaaaa

Nebroa dijo...

Tengo que practicar yo misma... No sea que siempre deje en otro esa responsabilidad y de repente a todos les de por callarse... Beso Vir...

silvo... empiezo, vale, lo intento, o apuesto por creérmelo. A ver qué tal se me da... Gracias

mi, pues por eso te escojo a ti, entre lo que tú me cuentas, lo que yo te digo y lo que nos admiramos, lo mismo nos funciona. Abrazo

Daeddalus dijo...

Me ha gustado tu respuesta al comentario de Vir... Asumir esa responsabilidad porque tal vez un día los otros se callen, qué bueno, niña.