domingo, 7 de noviembre de 2010

Inmóvil

Le pido que de pasitos buscando mi sofá, o para que encuentre las palabras esas que me queman la lengua cuando pasan por la boca. Le cojo del pelo tirando hacia mi pecho, con la mano en su nuca estirándole la columna. Voy dejando trocitos de pan por entre las paredes del cielo, por si se suelta las cuerdas que lo atan a su guitarra y se viene conmigo a pelear por hacernos un hueco en los recovecos del otro. Pelaríamos con barro, con chocolate, o con fresa ácida y limón. Me lo comería envasado al vacío. Y recien caducado. Y mil veces pasado de fecha. Le digo que venga a buscar mis dientes. Y a saber lo que existe en medio de mis piernas. Que me traiga su cuello. Y sus orejas. Y que me deje poseer su boca.
Y él se queda quieto... lejos, en el mismo sitio y hablando del tiempo.


5 comentarios:

Vir dijo...

¡Joder! No lo hubiera expresado mejor... Sentimientos parecidos, que duelen.

Pilar dijo...

Y te das, te ofreces, te entegras, y te recojes, te guardas, te ocultas, te asustas, te pierdes, te pierde.

AN... dijo...

DIOS LE DA PAN A QUIEN NO TIENE DIENTES ...EL SE LO PIERDE .

Daeddalus dijo...

AN, pero no es ningún consuelo...
Y sí, qué bien lo has contado... una vez más.

Nebroa dijo...

Vir, siento que coincidas conmigo precisamente en esta entrada... En fin, ojalá nos sirva para aprender dónde deberíamos evitar bucear ;)

Asñi es Pilar, doy, regalo y entrego, y luego repliego alas, cierro los ojos y me pierdo en mí misma. Remontada. Eso queda, no?

Ene, es dios el que da pan a quién no sabe masticar o soy yo misma la que olvidó de nuevo mirarle los dientes al de enfrente?

Daed, contarlo bonito. Qué tontas somos a veces. Que además parece que somos capaces de adornar la pena para convertirla en atractiva. Y de atractiva no tiene una mierda