domingo, 28 de noviembre de 2010

Hablando de frialdad

Se nos enfrían las ganas, ya sabes, esas de las que hablaba tu teléfono por el que se coló tu voz acercándote en la noche del sábado... será el norte, que cogiste todas las bolas de helado para echártelas por encima, serán las palabras que no supimos encajarnos, será la lejanía en las formas, que tú eres cuadrado y yo más redonda que la sombra de la luna. Puedo verlas, las ganas, esfumarse por la parte trasera del coche, quizá tú aun las lleves en el maletero, que ya sé que los hombres nunca las pierden, tan sólo las guardan, por si algún día, otra noche, otro concierto, en otra música, te da por querer amanecer conmigo sin que hayamos dormido juntos. Pero yo las veo al final de la línea blanca en la carretera que se aleja entre la niebla, allí despojándose de infiernos y fuegos, de los juegos a los que íbamos a apostar y de la chimenea en la que íbamos a meternos... Se nos enfrían, yo ya les veo la escarcha...

4 comentarios:

silvo dijo...

Enfriarse las ganas, es algo o muy duro o una liberación, según cada quien, pero es cierto lo malo es que se nefrían las ganas en una dirección, que se gusardan en el maletero (no lo dudes) como dices, pero seguramente continuarán en cualquier otra dirección, besos Nebroa y buena semana

Jose Joel Rios dijo...

El consumo de todo y acceso más que nada nos hace eso: Consumidores asiduos. Pero quién nos culpara realmente de todo lo anterior. Estar programados y reprogramados es solamente un entusiasmo. Todo lo demás solamente es un estereotipo.

Saludos.

Daeddalus dijo...

Es curioso, como cantaba Sabina el agua apaga el fuego, en cambio el hielo no acaba con las ganas, sólo las pospone para momentos menos inoportunos... siempre es así, nunca falla, y mejor sería que se apagase de una vez por todas si siempre vamos a tener que jugar a ese juego.

jok dijo...

cojer no es amor es mucho mejor,,,,