miércoles, 13 de octubre de 2010

Un trocito de (des)control

Aunque lo intento a menudo se me suele olvidar que no llevo el control de todo lo que me rodea, que por más que me empeñe en ser una sabelotodo, adivinadora y capaz de predecir el futuro, yo de ésto que llaman vida sé más bien poco. O nada. O incluso menos que nada. Así que hay una parte de mí que se siente perdida cuando soy consciente de esta cualidad innata (o más bien anti-cualidad) a los seres humanos, por más que creyera, hasta hace un tiempo, que yo de 'humana' tenía poco y lo de 'ser' se me estaba olvidando... El caso es que así voy, creyéndome pequeñita porque pocas cosas están bajo mi control, y por otro lado llenándome de paz y calma al saberme marioneta perdida con hilos de pescar... Porque qué curioso, que una controladora aerea y visceral como yo, resulta que se siente más en calma cuando deja páginas en blanco a la vida, para que sea ella, él, el azar, lo inesperado, la energía, la luz o la nada, los que me empujen los días hacia los ojos, que me los pongan delante sin que yo sepa qué me traerán, que me regalarán o qué me dejarán descubrir...
Creo que ultimamente es el único instante de calma que experimento. El de dejar a la vida que responda amis preguntas. Y luego poder poner en marcha lo desaprendido, lo de mover las piezas recien aparecidas a mi antojo.
Al final sólo se trataba de esto, de dos bandos, de dos cosas, de dos extremos, de dos vertientes. Lo que viene solo y lo que haré yo al respecto de ese encuentro...

3 comentarios:

silvo dijo...

No podemos controlar todas las variables que intervienen en un suceso determinado por lo que nos vemos obligados a tirar de experiencia, de comparaciones con situaciones similares, desgraciadamentea menudo nos confundimos, pero debemos y aprendemos a vivir con ello,besos

Robert dijo...

El control de lo que va aconteciendo en nuestra vida nos aporta certidumbre, seguridad. Por otra parte, el deseo de libertad lleva consigo la incertidumbre. En la gestión que hagamos de la certidumbre y la incertidumbre, lo predecible y lo impredecible, se encontrará nuestro bienestar. Las circunstancias de cada uno harán que la vida sea más o menos predecible, pero siempre tendremos un margen de maniobra.

En cuanto a control, los occidentales somos privilegiados. Por eso mismo, la incertidumbre no la llevamos demasiado bien, no gestionamos bien las frustraciones. Y paradójicamente una mayor riqueza no nos garantiza una mayor felicidad.

Nebroa dijo...

Eso es silvo. Aprender que los errores existen, que casi siempre se trata de ensayo-error, que no hay culpas ni justicias, que lo hacemos lo mejor que sabemos con las herramientas que conocemos. Mua

Es una pena Robert, que no aprendamos, desde pequeños a que las frustraciones, entre comillas, son parte de la vida. Que no siempre sale como queremos, que como dices, hay un margen de maniobra que nos pertenece, y otro tanto que no. Yo estuve mucho tiempo creyendo que controlaba todo, por eso cuando las cosas se me escapaban, me enfadaba. Muchísimo. Ahora barajo la inercia de muchas veces haciendo lo mismo, con el nuevo concepto de libertad y las consecuentes dudas. Es tarea complicada para mí, pero no ceso en el empeño firme de hacer realidad el equilibrio. Aunque sólo lo alcance de vez en cuando.