lunes, 4 de octubre de 2010

Que yo no quiero esto, ni aquello tampoco...
Por eso no quería salir volando a los brazos tatuados, ni rozarte la tinta gris que se te derrama por el lado. Porque a mí se me cuelan los abrazos por los agujeritos de en medio, los que me atraviesan las solapas cuando me desvisto. Y luego no me los puedo arrancar a gusto de la que consume, muy al contrario, ahí los llevo, pegados en la espalda, y me cuesta respirar con la carga, que pesan más de lo esperado aunque ya supiera que no serían tan livianos como los que nos dábamos antes, cuando ni nos tocábamos ni nos arañábamos. Y te veo así, tan libre y volátil, tan efímero y tan pasota, pensando que te pican los pasos, la voz y las manos. Sólo eso, mientras a mí me pica el pecho, que parece un cactus rodeado de estropajos, y se me viene encima en los parpadeos que me concedo despacio...
Joder, que tampoco es pa'tanto, aunque ya lo sepa y sea consciente de cómo me enredo sin pretenderlo. Vale. Pues eso. A callar. Que se me hace tarde para seguir caminando.



3 comentarios:

juan dijo...

mmm... que dificil se nos hacen las cosas yo que pienso que lo mejro es no hacer nunca suposiciones...
muy sentido me gusta un abrazo

Nebroa dijo...

No hacer suposiciones es la mejor opción de todas. Sin duda. Pero mmm... esto... te funciona siempre de los siempres de toda la vida? A mí no. Así me va!

hijoeputa dijo...

Las cosas siempre funcionan. Solo hay que creer que lo hacen. Yo soy capaz de tener estropeado el microndas y tomarme la leche calentita sólo con el poder de mi mente. Claro, que mis hijos me miran raro. Pobrecicos, lo que vamos a gastar en psicólogos su madre y yo cuando sean mayores.