martes, 26 de octubre de 2010

Llevo 3 entradas escritas... y no terminan de encajar las palabras que quería contarte... Serán las señales de las que siempre hablo, un cartel en la trompa que me indica que es mejor el silencio que las quejas... Será que ya no hay nada que decirte, que creo que es lo mismo que te pasa a ti conmigo... Será que así es mejor, aunque yo hubiera escogido otro final para nosotros, claro que la vida hace tiempo que dejó de preguntarme qué es lo que yo prefiero...

3 comentarios:

Robert dijo...

Los blogs que visito, siendo diferente tienen algo en común. Lo ilustra muy bien el título de este blog: “Zona de desahogo y combustiones espontaneas”. Hasta los blogs más lúdicos no dejan de colgar de vez en cuando alguna entrada en plan queja, denuncia…

Entiendo que cuando dices que no hay nada que decir no te refieres sólo a las palabras. Los silencios comunican tanto o más que las palabras. Si la comunicación no funciona, no pude funcionar la pareja.

Somos libres de tomar lo que la vida nos ofrece, también de pedirle lo que queramos, pero ella seguirá ofreciendo lo que le de la gana. Esta es una visión muy de filosofía oriental; pero como occidental no dejo de pensar que tenemos un margen para poder moldear la vida. No dejes de pedir y luchar por lo que quieres. A lo sumo cambia de objetivos, pero sin abandonar el timón ni perder la ilusión.

PazzaP dijo...

La Vida no pregunta, te da opciones para que tú con ellas hagas lo que quieras. Ahora bien, si no sabes lo que quieres, o si lo sabes pero estás dividida, el lío es personal, de tu vida, mas no de la Vida misma.

Nebroa dijo...

Lo sé, y coincido con ambos en las respuestas y en vuestra afirmaciones más allá de cómo las traduzcáis. Amos dos, sé que creéis firmemente en aquello que esbozáis. En mi caso no siempre es igual, y aun sabiendo que las palabras son un poderosísimo enlace con el mundo que queremos experimentar, a veces dejo escapar frases que no expresan lo que creo en su totalidad. O plenamente. O fervientemente.
Sé que la vida no te va preguntando qué quieres, para ofrecértelo, ella continúa, y te ofrece posibilidades, escenas, hasta personajes con los que jugar a ser protagonista, o secundarios, o ...
La verdad de lo que contaba será esa, la de que la vida no te pregunta por preferencias, ella sigue, vive, nunca mejor dicho, continúa, avanza, pone cartas y yo barajo. Pero no me pregunta primero qué cartas quiero. Va todo junto, seguido, pero ella, evidentemente, siempre tiene la palabra en primer término. Y no es crítica, queja ni nada similar, es una expresión de lo que veo real. Y así está bien...