lunes, 4 de octubre de 2010

Cuando no llego a donde quiero

Está susurrándome la mente lo pequeña que debería sentirme porque ya no puedo arrancar de cuajo corazones perdidos. Que no soy capaz de salvar vidas ni de poner banderas en las cimas de los montes del que besa los labios que tanto me pesan. Que son diminutas mis sonrisas y que no alcanzo, no derribo, no asolo, no arraso, no me meto de lleno bajo la camiseta de aquel que logra levantármela a mí.
Y miro a otro lado, que para llorar no tengo tiempo ni ganas, que es irreal y me cuento mentiras, que no es cierto que nunca llegue a ningún sitio. Que llego aunque no me quede, que toco aunque no derribe, y que soy tan normal como las demás, una más de las que besa a escondidas, una más balanceándose encima de otros cuerpos. Que no soy especial y lo sé, aunque quizá un día lo sea para alguien. Miro al otro lado, al suelo, calmando ganas y diosas interiores. Que me quieran para un rato no es peor que quererme para más siempres de lo habitual. Es. Una elección, otro paso, otra puerta.
Y allí miro, donde puedo rellenarme de cuentos de los que me escribo cada noche, para no dirigir los ojos a lo que no tengo y sí hacia dentro, donde me tengo a mí misma, eterna, aunque el de fuera sólo quiera tenerme tres minutos al mes bailando sobre sus piernas.
Y quizá llore, para soltar errores, para calmar la ausencia de palabras que me hinchen el pecho... pero no pienso perderme de nuevo en todos esos lugares a los que no llego, que para eso tengo mi propio universo que es donde yo sola me entiendo.

3 comentarios:

Robert dijo...

Supongo que cuando podemos mirar a lo que se desea, sabiendo que no está a nuestro alcance, dejamos de desearlo. Pero, ¿cómo saber si está a nuestro alcance?, o, ¿estamos dispuestos a pagar el precio de lo deseado?
No acabo de entender el último párrafo, pero intuyo que se aproxima a la respuesta que diste a hijoeputa en el post Sin ti (éndolo): “...yo no quiero que la fantasía sea la realidad que me gobierne.”

Nebroa dijo...

Ya, es relativo lo de estar a nuestro alcance, o como dices, saber si merecerá alguna pena perseguir según qué cosas que ni siquiera es seguro que al final nos gusten. Así que opto por el silencio la mayoría de las veces. No sé, quizá un día la intuición me diga algo, y me obligue a moverme sin que la otra parte estancada, la de siempre, pueda ni siquiera quejarse. Te lo contaré.
El último párrafo es que yo tengo un mundo interno, por aquí dentro, donde todo está bien, donde me siento a observar lo que ocurre con mi vida, donde soy espectadora, donde no me muevo. No, no es que en mi propio universo sea en el que me pierdo, era más bien al contrario. Que hay un paisaje aquí dentro en el que me encuentro bien. Conmigo.
El otro, el de las fantasías es otra cosa distinta. En ese sí que, por contra, me pierdo.

El Ser Bohemio dijo...

La verdad todos nos hermos sentido en ocasiones sin fuerzas. Desde luego que somos todos normales. Pero somos especiales en nuestra forma de ser. Como tu lo eres al escribir. ya aparecerá esa persona que te robe el corazón. hermosa entrada

http://el-ser-bohemio.blogspot.com/