lunes, 27 de septiembre de 2010

Y empiezas a corretear entre todos los árboles en los que te cobijaste un día del invierno, todos secos, sedientos, abstractos, ensombrecidos... El bosque es frío y oscuro, lleno de ramas rotas, de madera gris, de trocitos de hojas tan pequeñas que se parecen a la arena de un desierto inmenso...
Y sigues corriendo atravesando los huecos, los espacios entre troncos, los árboles son ellos, a ti sólo te rellenan las ausencias...
Lo peor no es que no haya árboles frondosos, es que ni siquiera quedan huecos donde nacer de nuevo.
Y así me siento, con el pelo electrizado y la piel gélida de versos, los ojos grises y la saliva surgiendo, la boca amordazada, el pecho sangriento al descubierto... Y la verdad, desde aquí no logro ver el cielo