miércoles, 15 de septiembre de 2010

Se me olvida contarlo, que me queman las prisas, o que me vence la desgana. O lo que quiero, espero o necesito... o precisamente todo lo contrario.
Se me olvida trasladar las penas y las inquietudes a otros oídos, me entretengo por el camino y me aparto en las aceras. Ansío que me escuchen, aunque a veces se me olvida pedirlo, y ya sé que si no pides, no tienes, y si no expresas, no te escuchan. Se me olvida que lo de ser transparente no siempre funciona, que o le pones empeño o pasas desapercibida.
Son mis oídos, que pueden con mi boca, y mi rincón de silencios, que de tanto guardar se me desborda por dentro. Ya lo sé, que soy yo y no los de enfrente. Que nadie va a buscarme si no me pongo el cartel de neón en los párpados. Y sé que todo me pertenece, cómo llevo mis días y cómo les doy la vuelta. Pero de tanto creérmelo, de tanto fingir que puedo, que sé, que avanzo y crezco, se me ha cargado la espalda de peso. No puedo sola, eso ya lo sentencio, pero es inquietante el proceso que experimento hasta darme cuenta de que se me olvidó contar todo aquello que no cabe, que se sale, que necesita de otras voces para lidiarlo, y que nadie ha venido a preguntar.
Tengo un vale por escrito, por deletreado, por perfilado. Pero perdí el vale que descontaba cargas en mi espalda, el de te cuento qué hay mientras tú me escuchas sin necesitar los ojos para oírme...
Y yo tengo la culpa, lo sé. O soy la responsable más bien.
Lo que no soporto es este halo de victimismo que a veces se apodera de mis sienes, que hace juego con el que un día existío, hace mucho, y que increíblemente, vuelve a restregarme que o no hago bien las cosas o es que toda la culpa es de los demás. Me niego a hacerle caso, pero si no lo escribo se me pudre por dentro... Así soy más consciente de lo que me ocurre, y más capaz de escapar de sus garras salvajes que pretenden arrasar con todo. Ni de coña.
Seguiré encauzándome por el mejor de los senderos que conozco, el de actuar cuando algo no anda bien, el de ponerme manos a la obra cuando los resultados no son los previstos, el de coger las riendas y trabajar por un objetivo, sin esperar que la vida lo solucione todo sin pedirme permiso. Porque ya sé que así no son las cosas. Gracias a dios, o a bruce :s

4 comentarios:

Robert dijo...

Sigue avanzando por el sendero, aunque en ocasiones haya que detenerse a desbrozar las zarzas que nos impiden avanzar.
Hace dos años que practico yoga, y aunque no es la solución a todos los males me ha ayudado a descargar la espalda. Entre las distintas practicas de yoga resultan especialmente interesantes los ejercicios de equilibrio. Sorprende comprobar cómo un ejercicio que un día realizas sin problemas otro día se hace con más dificultad, el estado mental influye en la práctica. Cuando equilibramos el cuerpo se equilibra la mente.
A mí me ayuda el yoga como a ti te puede ayudar la escritura, cualquier pequeña ayuda pude suponer una diferencia significativa en el estado anímico.

Nebroa dijo...

Es cierto Robert, lo de las pequeñas ayudas... Muchas veces cuando pienso en resumir en qué ha consistido mi terapia para avanzar hasta aquí, no sabría (es un decir) enumerar los innumerables detalles que han constribuido a esta especie de reconstrucción. Tal vez no sean los 10 minutos encima de la elíptica, ni sea respirar con el abdomen, ni los ejercicios de relajación, ni los libros que he leído. Sé que la práctica de elementos más determinantes es lo que ha hecho que los frutos puedan verse, pero estoy segura de que todas esas ínfimas acciones también han participado del resultado.
Así pues sí, me entretengo en los baches del camino, y aparto lo que puedo, lo que sé, y lo que molesta. Pero no quiero pararme...
Gracias por mostrarte!

Paolo Futre dijo...

usa el vale

Nebroa dijo...

Futre... créeme que lo haré, aunque sea poco a poco. Lo haré. Al menos he sido consciente, es el primer paso para poner acciones contrarestando... Gracias. Te quiero... Lo sabes, no?