jueves, 9 de septiembre de 2010

Luego veré lo contrario

Una sensación entre los 3 millones de sensaciones que soy capaz de digerir al día viene a apuntalarme el corazón. Me lo deja bloqueado, paralizado, entre andamios de hormigón que pretenden que no se derribe encima de las cenizas por donde suelen vagabundear mis pies... Cerrado por derribo que decía Sabina, roto por dentro, que canta Tarque... vacío que susurro yo misma...
Ya no sé si es la misma sensación la que trae pensamientos negros, fríos, destrozados. Si es otra la que busca las ganas, el ahínco, el entusiasmo... o se llama de otra forma. Qué más da? estoy llena de esas cosas que llaman emociones, sentimientos, sensaciones y otras mierdas similares.
Cuando me ocurre, aunque sepa que hay un pensamiento que las produce, a mí se me olvida, porque me inundan, se apoderan, me mueven, me lastiman... y ya no sé ni qué pienso ni quién soy ni dónde estoy ni para qué sirvo. Y se me olvida ser racional, mental, lógica y con el sexto sentido que llaman común... Un terremoto, vendaval, maremagnun de chocolate y almendras, huracán de cantos rodados que no ruedan y sí golpean...
Me olvido del presente, de qué quiero hacer, de qué hago, para qué vine aquí, por qué aun no me he ido, qué sentido tiene despertar. Todo está revuelto. Y ni siquiera me acuerdo de cómo se ponía en marcha la calma que llegué a saberme de memoria...

2 comentarios:

Robert dijo...

Me gusta el título.
Consejos para traer la calma: algún ejercicio de respiración, repetir algún mantra, rezar unas letanías, visualizar algún mandala... El paréntesis desconcertará a la mente, y traerá calma.
¡Que se ha creído la mente, que va a pensar lo que le de la gana!

Nebroa dijo...

jajaj buena expresión la última. A veces creo que me contiene ella a mí y no al revés. Pero sí, voy trabajando esas cosas que dices cuando ocurre. Y leo, y soy consciente de mis manos, y me muevo, o bailo. O siento la brisa, o miro al sol, y respiro, respiro mucho más y mejor que antes...
Gracias Robert