sábado, 11 de septiembre de 2010

Diferente cielo

Se me escapa el pasado de las manos, lo remuevo y lo convierto en algo que no quise que sucediera... por transformar mis días en algo inesperado, escondido, sorprendente.
Por cómo siento ahora que dejé claro lo que quiero, porque ésto no encaja con el de enfrente, porque no puede haber complicidad, porque no estamos sobre el mismo suelo, uno en una punta de la ciudad, el otro caminando en los suburbios.
Me muestro, me exhibo, me abro, y la recompensa no es la soñada, la intuída, la esperada.
Cuando caminas sola y sola haces lo que te viene en gana, te tragas tus errores, tus fracasos, tus desalientos... Cuando quieres caminar con alguien, no sólo tú te lo tragas todo, también el de enfrente, el que quería estar ahí, el que dijo que se quedaría...
Pero el extremo del lazo que nos unía no es el mismo, uno mira al cielo, la otra se queda en la tierra. Uno espera horizontes inmensos en los que perderse, la otra sólo sabe de suelos firmes, porque de tanto que viajó al mundo irreal, se cansó de soltar mentiras, promesas y finales felices.
Y así nos quedamos, uno durmiendo entre sábanas que ya no huelen a mí y la otra con el cartel de kilómetro cero y vuelta a empezar...

4 comentarios:

Paolo Futre dijo...

Lo siento.Mucho.

Paolo Futre dijo...

Lo siento.Mucho.

Anónimo dijo...

No se trataba de viajar a mundos irreales, ni de soltar mentiras, ni promesas, ni finales felices.
Sólo se trataba de dejar pasar el tiempo, juntos, sólo por el gusto de dejarlo pasar y ver que acontecía...

Nebroa dijo...

Futre... Yo más

Anónimo... no se trataba de eso, lo sé, como no se trataba de lo otro. Palabras, ya sabes. En medio, en un lugar en el que ambos estuviésemos cómodos. Yo no supe encontrar comodidad. No supe hacerlo. Admito que no sé