domingo, 15 de agosto de 2010


Sólo vuelve a contarme que le duele el corazón, que le sobran lágrimas y que los recuerdos le aplastan la nuca. Vuelve de vez en cuando a ponerme letras entrecortadas, a bailar sobre mis huesos y a escuchar mis palabras de esperanza. Yo ya no tengo ganas de meterme detrás de sus pupilas, no tengo ganas de mostrar mi pecho lleno de cicatrices, ni mis huellas débiles pisoteadas por el dolor que tanto cura. Él vuelve y se asoma de vez en cuando. Yo hace días que me fui de su sendero, de sus horas, de su guitarra y de su aliento. Él fue la gota que se alojó en mis lágrimas cansadas, el color negro que rompió mi arcoiris de mentiras, él fue el último eslabón que me encadenaba al pasado. Aun tendría que agradecerle que su rechazo, su lejanía y todos los kilómetros que insertó en medio de nuestros lazos fueron los que utilicé para limpiar la sangre que reposaba en el charco de mis días... Pero nunca lo haré, ni sabe que existí ni que hubo un momento que sólo él existía para mí... Ahora yo miro todo el ancho de los días. No sé dónde mira él... ni creo que me importe

2 comentarios:

Zarzal dijo...

Yo ahora mismo estoy mirando a la increíble sensación de infinito de esa playa.
El amor es a veces como el efecto óptico de ese sol, nos hace creer que es inmenso, y acabamos descubriendo que es sólo una ilusión.

Y como dicen:

"Busca, compara, y si lo que encuentras resulta que luego no es mejor... ¡¡¡Piérdete y no vengas a joder otra vez!!!" jajaja

Un beso, Nebroa

Nebroa dijo...

Tu frase es genial! jajaj...
Aquella playa tenía toda la inmensidad dentro! Conoces Cádiz?