sábado, 3 de julio de 2010

Puedo frenar en seco, empezar a mirar lo que he hecho para llegar hasta aquí o puedo mirar a otro lado, siempre hacia el frente y continuar con mis días llenos de sol...
Como he aprendido que es bueno quererme, que beneficia el lado oscuro de mi corazón y que, como no está acostumbrado, la revolución que produce es perfecta para alojar sonrisas abiertas en mi cara, decido pararme, nada, si acaso un par de días, sólo 48 horas para mirar, remirar y admirar aquello en lo que he convertido a la que a veces hablaba de los abismos...
No me encierro en cajones opacos con cerrojo y llaves propiedad de hombres sin destino.
Paseo la piel (literalmente) que siempre estuvo encerrada bajo mangas de algodón, de esparto y nylon.
Sonrío cuando miro los pequeños problemas inventados como un todo. Como un motivo, como un apartado en la estantería...Junto los inconvenientes y los entiendo como parte contratante de la primera parte atacante.
Leo con más claridad las ideas/sentencias/axiomas/decretos que me cuenta mi mente en las noches más nubladas. Sé ponerles incredulidad. Sé traducirlas a mi nuevo idioma.
He conseguido relajar las prisas, he conseguido ponerle freno a los deseos, he conseguido mirar lo que existe sin esperar lo irreal, he conseguido limpiar las gafas de lejos, las de cerca y las de mentira.
Y lo mejor de todo es que tengo ganas de seguir siendo una aventurera, como siempre, pero sin el miedo que tanto me aterraba...


1 comentario:

silvo dijo...

Has evolucionado positivamente,siguen los sueños pero es más fuerte y sólida la forma de encararlos, un beso y buen finde Nebroa