miércoles, 21 de abril de 2010

Y de tanto andar de puntillas bordeando la pradera infinita, algo la hizo temblar, no fue el viento, ni el terremoto de las afueras, ni los relámpagos en la luna más cercana... le fallaron las fuerzas que ayer amontonaba en los bolsillos y se le quebraron los pies. Se fragmentó el cristal que la anclaba al nuevo mundo. A su mente transparente llegó la oscuridad, azotó la lluvia de ideas opacas, ruidosas. Se le llenó el sombrero de futuros inciertos, de gigantes con nombre de dudas, de fantasmas que asomaban por las sendas recorridas. Llegó el miedo a sus pupilas y de tanto dudar acabó llorando sobre las piedras que habían comenzado a forjar su nuevo destino...
Aun quedaban mariposas y luciérnadas, aun quedaban duendes revoloteando alrededor. Y ella los respiraba con fuerza, queriendo quedárselos para siempre aunque ahora sólo quisiera dormir en la cara oculta del sol...

3 comentarios:

Lenka dijo...

Has tropezado, Nebroa? Tranquila, no pasa nada. Arriba otra vez y seguimos. Puede que al principio te notes cojear y duela un poco, pero sobre todo no temas eso ni pienses que te vas a quedar así. Sólo camina, el dolor se irá. Volverás a ver mariposas y duendes.
Un beso.

Anónimo dijo...

ESTOY CON LENKA , YO CON LA QUINTA CERVEZA Y DEPENDE LO QUE FUME , VEO DRAGONES Y PITUFOS ...ANIMO..N

Nebroa dijo...

Entre las cervezas, los duendes, las hadas y compañía, podemos abrir un bar! estaría siempre lleno! :)
Lenka, caí, sí, supongo que aun me quedan descensos dentro del proceso, pero no quiero perder de vista el objetivo. Si alguna vez se me olvida, ojalá todas estas palabras vuelvan a ponerme en la senda :)