viernes, 2 de abril de 2010

Heridas

Siempre puse risas donde había dolor. Cubro las ásperas texturas del corazón con humor fino, del bueno, del que toca la fibra, el negro y oscuro, del irónico, del que tanto me gusta.
El martes, comiendo al sol, ventilada por la brisa del mar, tus palabras tocaron el saco donde guardo todos los errores, terrores y temores, donde guardo el pasado, los malos sabores, las piedras que me golpearon... Y tus últimos meses vinieron a colarse justo por los agujeritos que yo dejé abiertos, y tus lágrimas rozaron el interruptor que activa las mías en etapas desiertas...
Lloré por aquel día, por aquel instante en el que rocé la muerte y sus entrañas, por aquel 25 de mayo... Nunca antes lloré recordando ese día, nunca antes volví a esa tarde de la manera en la que lo hice contigo aunque tú no lo vieses...
Y ahora me pregunto si aun habiendo vertido tres mil doscientas lágrimas por todo a la vez y nada en concreto, no quedarán aun algunas que apaguen por fin las cenizas que brillan por muchos malos momentos vividos y sentidos...
Unas por lo que oí de aquel, otras por lo que hice aquella tarde, otras por las veces que me he menospreciado, otras por los meses vividos al lado de demonios malditos, otras por las veces que me dejé pisotear... Aun quedan lágrimas por el pasado? Tal vez la próxima vez que llore, lo haga conscientemente, derramando escamas por lo que sucedió. Y así, se cerrarán las heridas que aun no lograron cicatrizar pero que tan bien lo aparentan...

2 comentarios:

Lenka dijo...

Qué sano es llorar! A veces asusta, pero es... curativo. Échalo fuera. Sin miedo.

Nebroa dijo...

He llorado tanto que hubo una etapa en la que no me salían las lágrimas, ahora han vuelto, para sanar