domingo, 7 de febrero de 2010

En el bar de abajo


Al bar de todas las mañanas le quedan pocas para seguir siendo mi despertador rutinario. Ya no será mi enlace con el mundo, el lugar donde despierto a la vida, donde los sentidos olvidan el sueño, donde abro los ojos, donde percibo el primer tacto o donde pongo en marcha el sentido del gusto para saborear el primer aliento que deja un café más un cigarro. Le quedan pocos amaneceres en mi rutina aplastante, pasará a ser un bar del pasado y no una de las piezas que recomponen mi día cuando sale el sol.

Adiós al moreno que toma belmontes, al que me invita casi siempre, al que me regala botes de cosas que se comen, al que parece un actor americano, al que casi todas las mañanas me dice guapa, al que me mira sin querer, a las que nunca me duevuelven el saludo, al que convierte mis desayunos en terapias antiestrés, al que deja caer el solo antes de pedirlo, al de la voz del padrino, al que si tuviera 20 años menos no me dejaría escapar según su boca, a la más murciana del mundo mundanal, a las del puticlub del rincón, al abuelo que me saca las risas de los bolsillos y las pone encima de la barra, a la rubia de labios carmín, a los barrenderos que me ignoran, al policia jubilado, al portugués en paro...

Adiós a los personajes perdidos a los que un día la vida debería regalarles el sol que hay justo en la esquina del bar donde habitan...

2 comentarios:

Maeve dijo...

Caray! Qué grandes los bares. En algunos, si te sentarás un año frente a una cerveza, te saldría material para toda una novela. Adoro los bares, pero no los pijos y arreglados, los de "centro" bien decorados. Me gustan los de barrio, con sus personajes, esos que de exagerados acabas adorando.

Bonito post :)

Nebroa dijo...

Esta mañana, maeve, hablaba con el camarero de eso, de lo entretenido que es su día, de cómo nos observa, nos entiende, nos valora o nos critica. La verdad es que son sitios donde todo cabe, encierran tantas historias dentro que aturden...
Mua