jueves, 21 de enero de 2010

Fuego en el hielo


No hacía demasiado frío, pero helaba por dentro.
Había nieve en el corazón y estalactitas en los ojos.
Se le congelaban los párpados mientras pensaba qué haría con su vida cuando el dinero empezase a desaparecer y hasta lo de madrugar se convirtiese en un deseo.
Qué hará cuando no queden tantas cervezas en los bares y hasta fumar sea todo un lujo.

No hacía demasiado calor, pero se quemaba el alma que la poseía, había humo y ceniza en el hueco que el corazón le deja a los pulmones. Ardían las ideas, mezcladas con la chispa valiente que siempre llevó dentro, la que la perseguía, la que la empujaba, la que le daba el aliento para salir volando en cada instante. Al cielo, al suelo, a todas partes.

Y el hombre del tiempo
anunció lluvia de verano
para el día siguiente...

3 comentarios:

Fiebre dijo...

A veces pareces pitonisa.

No sé si te odio,no, eso nunca... quizá cada día te quiero más.

Mery Larrinua dijo...

...esperanza!?!?!?!?!
un abrazo

Nebroa dijo...

Fiebre, idem... Y no jugaba a ser pitonisa, más bien hablaba mi espejo :)

Mery, sí, aplicar la esperanza alivia las derrotas