martes, 1 de diciembre de 2009

Un instante en el recreo


Estaban jugando al futbol, el portero era un niño negro, paró el lanzamiento del rubito con pelo largo... Se sintió satisfecho, hinchado por dentro cuando hace pocos días lo escogieron para el equipo de los recreos, ese donde sólo juegan los buenos, los listos, los avispados y los que las tienen todas consigo, él, extraño en el pueblo, recien llegado de la nada llena de agua y sal, había conseguido triunfar, parar aquel balón que con tanta furia le lanzó Alberto, el chaval al que odiaba y envidiaba por tener siempre a todas las chicas contoneándose por los pasillos cuando él las miraba...

Cuatro 4 niñas comían un bocadillo mientras paseaban rodeando la pista de cemento llena de chicos que corrían de un lado a otro como si ninguna otra cosa en la vida fuese digna ni siquiera de mencionar... Tú chorizo, yo salchichón, y ella siempre lleva chocolate, nuestro pan es de cuando ayer caía la noche, mientras Isabel come y saborea el pan de leche que su madre tan joven, tan alta, tan guapa, le debe preparar por las mañanas... por qué mamá nunca nos pone chocolate? por qué ella es distinta? Por qué llevamos esta falda horrible?...

Isabel estaba sola en la esquina, donde los bancos verdes de madera están para el arrastre, por donde nadie pasa y por donde nadie juega al escondite. Allí jugaba ella a esconderse, en la soledad de las piedras que pisaba, alejada del balón, de las hermanas que siempre la criticaban, de Alberto que tan poco caso le hacía, allí, donde podía llorar sin ser vista y ponerse el disfraz de niña buena cuando sonaba la campana de clase...




Pd. Hoy he pasado por delante de un colegio a la hora de su recreo
y en mi hora de gestiones aburridas y sin sentido...
En el semáforo, en apenas unos instantes,
me he convertido en Alberto,
en el niño negro,
en la hermana de la hermana
y en el disfraz de Isabel...

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