miércoles, 30 de diciembre de 2009

Dentro del saco familiar...

Mañana a las 5 voy al aeropuerto de Alicante, a decir adiós a Ada y a Luna, es curioso, se van 4 y casi que sólo despido a 2. Supongo que en el avión también se marchará esa parte de mí que se olvida de todo, que sólo vive el momento y que no se preocupa de muchas cosas, salvo de que ellas estén bien, contentas y sabiendo que siempre pueden contar conmigo. Se van, y yo también me iré con ellas, volando sobre las nubes donde hemos revoloteado esta semana....
Estoy triste, supongo que no puedo evitarlo, ni quiero, por otra parte, finjo ante ellas que la distancia no es nada, que el amor atraviesa fronteras y que estamos cerca aunque no nos toquemos. Vale, sí, esa parte de mí que mañana se irá también se lo cree. Pero a la que se queda le cuesta creerlo.
No me cansan, aunque me agoten, ni me sacan de los nervios aunque a veces les regañe... ellas no, los mayores sí. Observo cómo actúan, cómo se mueven, cómo miran a otro lado en situaciones que yo considero importantes, o cómo sólo se miran en el espejo que hay en cada esquina, olvidando que hay niños a los que cuidar y educar... Y yo aquí, sintiéndome aun responsable de muchas cosas, sintiéndome tocada por la sensibilidad y creyendo que puedo hacer algo en el mundo que sirva para algo... Me siento sola entre la multitud de los que se llaman familia, creo que me miran como a una niña más, pero con cuerpo de adulta, por lo que se miran en sus espejos cuando yo ofrezco brillo en mis ojos, y mirando a otro lado cuando yo necesito ayuda...
Mi familia y yo... Ay, quizá sólo es mi mirada, quizá mi exigencia, quizá mi victimismo, quizá es sólo mi papel, el cartel que me pusieron y que aunque ya no me pertenezca, para ellos sigo siendo la misma...
Pero aun tengo que dar gracias, hoy he recibido un paquete en correos, una postal dedicada, otra sin reproches, y el aviso de que me espera otro regalo en el buzón. He tomado café con uno de los ausentes, he hablado con T, con W y he despedido a A... Ellos, mis amigos, que aun siguen estando diciéndome con los ojos que no estoy sola. Y no, no me siento sola en el mundo, aunque sí un poco perdida en casa...
Mañana se van ellas, y mis vacaciones de 10 días escogen los últimos 4 para regalarme algo de calma, de sosiego y de esperanza. Las echaré de menos, pero seguiré buscando esa parte de mí que se parece a ellas, la que juega, la que se ríe, la que canta sin pensar en nada más, y la que además aun cree que la vida es dulce, y puede regalarte muchas cosas, aunque la otra parte me diga que todo es mentira, y que los reyes siguen siendo los padres...

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