domingo, 22 de noviembre de 2009

Un finde en palabras

W me juzga cada vez que le cuento algunas de mis acciones, o mis comportamientos, mis ideas y mis hechos. Lo sé, se lo digo, él lo sabe y siempre dice que me equivoco. El juicio siempre es negativo, y raramente me cuenta que acepta lo que hago cuando no tiene nada que ver con lo que él haría si le tocase esa piedra en el camino. Aun sin aceptar nuestra diversidad, yo me empeño en concentrar el tiempo para cenar con él y reirnos de lo demás. Hablamos, compartimos y aunque a veces, al principio del encuentro, tenga ganas de dejarlo cenando solo, al final de la noche, nos abrazamos sabiendo que si hemos llegado hasta aquí con esta amistad dando saltos, merece la pena continuarla...
Me gusta desayunar con mis padres los fines de semana, hablamos, conversamos y me muestro como soy para que me vean realmente, y que consigan apartar la imagen de una hija perfecta que hace tiempo dejó de serlo. Quiero ser yo, quiero que sean ellos y que los 3 lleguemos a algo más de unión interna sin quedarnos sólo con la sensación de estar obligados a querernos por ser familia...
Comí con A y V, arquitectos del trabajo con los que comparto algo más que relaciones laborales, hablamos, nos reímos y expongo mi peculiar modo de ser y estar, mi proceso de creación de esa Ana que no es nueva para mí, pero sí para ellos. Una Ana que no actúa según lo que quieren los demás, sino mirándose unicamente a sí misma, y aprendiendo a quererse así, aun con los daños colaterales que conlleva, sabiendo que algunos, viéndome como realmente soy, ya no se queden a mi lado. Les cuesta aceptar lo desconocido, pero avanzamos aun más en el conocimiento de nuestros corazones, y eso me gusta...
Duermo un rato por la tarde, más por necesitar algo de soledad y recogida de alas que por el cansancio que me persigue. Desconecto, me relajo, descanso y abro los ojos con mucho más brillo del que tenían antes de ser apagados...
P aparece de la nada, él trae dulzura, recuerdos y amabilidad, trae sorpresas, líneas y paradas, trae descensos de invierno y balcón abierto a las nubes...
Tomo tónica con I, que me cuenta una vida tan diferente a la mía, tan añorada otras veces que me descoloca mi presente. Consejos sueltos, ganas de rodar medianamente juntos y demasiado desequilibrio sobre la mesa. Respiremos esta noche de sábado, tú en el trabajo, yo de copas fingidas, y ya veremos qué nos dirá el viento qué quiere hacer con nosotros...
Cena con sorpresa incluida, V aparece de la nada, aparece desde el pasado, aquel con el que compartí tantas risas como bocadillos en el descanso del instituto, un no por respuesta fue lo que consiguió cuando me susurraba por aquel entonces que mis labios eran lo único que quería ver por las mañanas... 20 años después mis labios rozaron los suyos y el tiempo, que nos espera en la barra del bar, nos cuenta que es mejor reirse recordando, reirse añorando y reirse en las madrugadas actuales sin pensar en nada más...
I me escribe al amanecer, no hay domingo ni lunes que valga, el viento ya le ha dicho que mejor que cabalguemos por diferentes fincas de naturaleza muerta. Yo acepto su invitación a la soledad con más ganas de las que intuí hace días. El tiempo me hace reir, dándome en la frente con la realidad, tan distinta a veces a lo que esperamos...
Duermo menos horas de las que me está pidiendo a gritos este cuerpo que me envuelve, pero necesito ver los ojos de mis hermanos, y sus bocas riéndose de historias inventadas. Como rodeada de los brazos familiares que me vieron crecer, comparto café y refresco con la mitad de ellos y se me infla, por momentos, el alma, queriendo detener el tiempo y bajarme del tren del futuro...
Ahora, aquí, en este preciso instante
tengo frío, el vello erizado y el corazón haciendo el pino,
tengo luz en los ojos y los labios agotados de buscar palabras que susurrar,
tengo calor en los pies y dolor de piernas alborotadas por lo desconocido,
tengo prisa, calma y ganas,
tengo miedo, lamentos y aburrimiento,
pero tengo amor, tengo tanto amor,
que se me sale por los agujeritos del jersey negro
que esta mañana rescaté del armario de mis sueños...

5 comentarios:

cactus girl dijo...

Pues chica, qué quieres que te diga, a mí me ha encantado tu finde.

Tienes mucha gente alrededor que te quiere, así que aprovéchate de ellos, que ya les tocará a lo demás penar algún día y te tocará a tí arrimar el hombro.

Un besete

Ex-compi dijo...

NO estas mal rodeada, ...

E dijo...

Has vivido mucho estos dos días....han merecido la pena tantos sentimientos encontrados, tanta calma y tanto vaivén.
Un beso enorme.

Zara dijo...

Pues a cuidar ese amooorr! que es muy valioso!

Nebroa dijo...

Me dejo querer... y quiero. Aunque aun no sepa bien cómo es esto de vivir y ser feliz al mismo tiempo
:)