martes, 24 de noviembre de 2009

Mi propio ritmo

Soy una de las primeras que se ríe de mi trascendencia con esto que llamo vida, sé que muchas veces ironizo con lo profundo, lo más hondo de mi alma y esas cosas que se le ocurren a este corazón desviado. Soy la que pone el ritmo a las risas y la que establece cuando es temporada de descojone y cuándo la del sarcasmo. Río y le pongo bromas a esto de ser tan profunda y bla bla bla... La alegría de la huerta para que nos entendamos.
Pero cuando le escribo a alguien un par de letras llenas de sentido, sentimiento e intimidad, me sigue doliendo, en determinados casos, que sean los demás quienes pongan las risas cuando en ese preciso instante yo estaba tocada por alguna lágrima pasajera que podía no ser de agua

5 comentarios:

silvo dijo...

"corazón desviado", te has llamado así a ti misma, yo creo que eres un corazón disconforme, conoces perfectamente la belleza, el status de felicidad, sabes donde está y te rebelas si crees que es alcanzable pero no lo consigues.

Quien pone risas en momentos que para tí son importantes demuestra su profundidad no sirve para cubrirse, protegerse
Un beso Nebroa

Helena dijo...

Vas a tener que aprender a mirar la vida como el que mira una obra de teatro. Tu no te enfadas con los actores ni te duele cuando hacen algo que no te gusta o no te esperas...simplemente lo aceptas como parte de su personaje. Pues eso mi niña, de vez en cuando sal del escenario y mira, solo mira...Un beso gordo y grade como la luna llena.

Concha Barbero de Dompablo dijo...

Hubo una época en la que una amiga y yo comentábamos mucho este tipo de cosas, y concluimos en que no podemos cambiar a nadie (no hacía falta pensar mucho para llegar a esto...)y que no podíamos pedirle peras al olmo. Así que acordamos que, cuando algo nos doliera, en el sentido de lo que nos dices, diríamos, directamente, ¡Es pedir peras al olmo! y así, dejaríamos de juzgar. Lo malo es que nos pásábamos el día con esa frase... :-)))Es decir, que la habíamos sustituido por el juicio... Era un juicio disfrazado. Al menos nos reímos de nosotras mismas un buen rato.

Desde entonces, entendimos que cuando comprendes... no te afecta. Comprendes que cada persona está en un nivel de evolución distinto y que todos somos necesarios. Tal vez somos nosotros los que nos metemos en el lío, queriendo que quien no nos pueda entender ni apoyar... lo haga.

Para eso nos tienes a nosotros, Nebroa, para contarnos todas tus profundidades, y las leemos ¡tan ricamente!

Besos

Para dijo...

Hay quien no sabe o no quiere entender que debajo de muchas risas, ironias y sarcasmos vive alguien que no siempre esta sonriendo por dentro,aunque por gusto , costumbre o defensa lo haga por fuera. Yo creo que casi siempre es por ignorancia real, lo cual no hace que duela menos, quizas solo durante menos tiempo.

Abrazo para alli YA!!!!!!!!!!!

Zara dijo...

Eso pasa muy a menudo...
A mí me pasa por que nunca lloro! Entonces puedo estar destrozadísima, que yo lo cuento y nunca terminan de tomárselo en serio.