domingo, 23 de agosto de 2009

Raíces

Quizá resulta que todo este entramado de ideas, pensamientos y sensaciones oscuras
tenían tantas raíces en mí que nada podía cortarlas.
Quizá lo hice muchas veces, pero sólo atinaba a cortar lo que sobresalía,
aquello que era capaz de ver.
Las ramas verdes y frescas
que enredaban el escaso espacio liberado de ellas que lograba crear cada día.
Quizá es que me equivocaba, o más bien que no sabía hacer otra cosa.
Quizá es que todo sucedió cuando tuvo que suceder,
ni antes ni después.
Al mismo ritmo en el que yo me movía.
Desde hace un tiempo, días, semanas, años o no sé,
me revelé de tal forma ante las raices inquebrantables
que creo que han empezado a pudrirse.
Son como las plantas de mi balcón,
que a veces, en un exceso de cuidados,
les pongo tanta agua que algunos cactus se han partido en dos.
Parece que también así están doblándose las raíces de ese dolor
que me persigue desde que la razón recuerda.
Por otro lado,
las ganas de continuar y la fortaleza para seguir viviendo
se han comportado como las plantas de los jardines murcianos,
que te ven pasar
y se te tiran a las espinillas para que les des algo de aguaaaa,
que les escupas! el caso es que si estás atenta, hasta las oyes chillar...
Pues así me he visto,
plantas de raices mojadas y plantas secas de aliento.
Y en esas estamos.
Regando aun más la oscuridad de las ramas dolorosas,
y quitándoles la sed a las flores olvidadas
que tantas ganas tienen de verme...

2 comentarios:

coco dijo...

Régame.

Nebroa dijo...

Acaso eres una flor olvidada? o te falta el aliento? Como bien reza el lema que cuelga en los balcones de mi ciudad...Tengo agua para todos. Así que cuando usted, señor coco, guste