sábado, 4 de julio de 2009

Mover los muebles


Leyendo el salón del chocolate, de madame macarroni, estaba pensando en las cosas que hacemos materiales, físicas, que son señales de lo que tal vez queramos hacer con nuestras vidas. Como marcarle un guión al cuerpo para que la mente, el corazón, el alma o vete a saber qué, sepan cuál será su tarea...

A mí me da por cambiar los muebles de mi casa. Cambiarlos de sitio. Lo hago a menudo y mis amigos lo saben, vienen a casa, la ven cambiada, donde estaba el sofá está la mesa, donde estaba la estantería está la cama... Siempre hay un sentido cuando los cambio, siempre me siento de una manera determinada cuando una tarde, sin más, me pongo a sudar como los cerditos, y lo muevo todo de lugar.

Quizá, además del significado que yo le doy, tiene otro, a efectos de psicólogos o psiquiatras. Quizá significa que no tengo nada asentado, que nada está en su sitio, que en mi mente todo se mueve, y que no tengo nada claro...

Pero cuando lo hago es porque necesito airear mis ideas, moverme, moverlas. Dejar huecos, abrir nuevas perspectivas, mirar las imágenes desde otro ángulo. Destacar ideas pequeñas que andaban escondidas en algún rincón. Limpio, barro, muevo, agito los muebles y mi mente se mueve con ellos. Me renueva hacerlo.

Una vez una psicóloga me dijo, cuando peor lo estaba pasando, que ya que tenía este método tan peculiar para agitarme por dentro, tal vez debería comprarme un mueble, un detalle, unas baldas, un armario, lo que fuese, pero que representase mi centro. Algo que no moviese nunca, que todo lo demás girase, pero que comprase algo que me identificase. De un color fuerte, alegre, vivo, y que una vez colocado en casa, no lo moviese más.

Y lo compré, unos cubos naranjas a modo de estantería, que se paralizaron en una zona durante un tiempo pero que con el mismo, cambiaron de nuevo de posición. Tal vez es hora de retomar esa idea y volver a empezar con ese objetivo. Encontrar mi centro, alegre y jovial y situarlo para siempre en un mismo lugar. O no. Quién sabe qué será mejor... Mmm...tal vez me deje llevar un poco, y que sea la intuición quien me ayude a decidir si comprar el mueble o no. Y si dejarlo en una misma ubicación o moverlo como si fuese una pluma....

Creo que todo tiene un sentido. Quizá por eso mi mente no para nunca. Pero me gusta mirar las cosas a través de ese espejo trascendente...

5 comentarios:

Concha Barbero de Dompablo dijo...

Creo que sí, que es tu espíritu de renovación lo que ye hace cambiar los muebles. Una metáfora de la ruptura de la rutina de la vida ¿no?

Jodorowsky dice siempre que la sanación comienza cuando rompemos la rueda de la rutina. Él recorrió, con un amigo, una ciudad en línea recta, atravesando casas y subiéndose a árboles... Lo cuenta en Psicomagia.


Besos

Nebroa dijo...

Eso espero Concha, que sea eso. Y que no sea el trasfondo de no tener centro. Y de tener toda el alma patas arriba...Aunque en días como hoy piense que son las dos cosas.
Jodorowsky es absolutamente inspirador para mí ;)

Liliana Lucki dijo...

Todo cambio es un crecimiento.

El miedo paraliza,si deseas cambios...

Solo di adelante.

Te saluda desde Argentina Liliana.

La titanica dijo...

Las cosas cambian y pasan por una razon, sigue adelante, y el cambio llegara..



saludos...

Nebroa dijo...

Liliana...he ido a visitarte, es asombroso lo que haces, aun tengo los ojos de par en par...
Gracias por dejarme verte, y aparecer aquí para mostrarte y regalarme conocerte

Titánica, no sé si hay algún cambio reservado para mí en el mañana...pero lo espero. Esa es la verdad