sábado, 25 de julio de 2009

La estrella inmovil




Sonaba este tema, en el coche, conduciendo de camino a casa, hace apenas 15 minutos. Venía desde mi casa de campo, a escasos 20 kilómetros de donde vivo... Cuando veraneábamos allí, cuando casi todos los hermanos éramos pequeños, unos más que otros, las veladas eran inigualables. No había electricidad, las baterías eran las que alimentaban aquel frigorífico traído del pasado, las velas alumbraban nuestros cuentos en las habitaciones, donde 2 literas y dos camas aguantaban a media familia.
Y más de una vez, nos quedábamos sin la bendita batería, y había que acercar el coche más cercano para alimentar aquella televisión que tenía bastante más trasero que pantalla.
Sólo allí puedes ver las estrellas como si te fuesen a caer de golpe en los ojos. Allí, tumbada en aquellas mecedoras que aun existen hoy, raídas por el tiempo y las palabras, podía mirarlas. Todas para mí, y elegía, escogía una cada noche, para observarla, forzando con la mente que se moviese para mí, se convirtiese en fugaz y poder pedirle así el deseo de siempre...sentirme feliz.
Las estrellas, ellas, las elegidas, no se movían nunca. La de al lado, la de allí, la que veía con el rabillo del ojo. Pero nunca la elegida.
Hoy, tumbada en el borde de la piscina, en un sólo instante de tranquilidad, he podido volver a mirarlas. Quietas, paradas, estancas, perennes. Allí, lejanas, acostadas sobre la misma sábana negra de siempre. Sin que la escogida para hoy, haya logrado desplazarse...
Así, igual que la postura que escoge cada noche mi estrella favorita, es mi vida. Así la veo. Sin movimiento. Y todas giran alrededor. Se mueven, bailan, van de un lugar a otro. Mas no la mía.
Me rodeo de muchas de ellas, estrellas, vidas, días ajenos. Giran, cambian su estado, desaparecen para aparecer con más luz, se esconden y vuelven a mostrarse más espléndidas aun...
Y yo, siempre he mirado esas vidas, las he visto resurgir tras los huracanes, se pegan a mí, o yo a ellas, pero al tiempo se van, se mueven, encuentran sábanas donde posarse. Yo allí sigo, pegada al cielo, soñando que un día me moveré como las demás. Mientras, sólo me queda observar. Mirarlas pasar, por delante, por detrás de mí, pegadas, lejos, lejísimos, cerca. Se cruzan, se funden, se separan, se agrupan. Yo intento moverme, desprendiendo la máxima luz que soy capaz de encender en mí. Pero siempre permanezco sola, entre la multitud que no cesa de estar en movimiento...

5 comentarios:

jaytowerr dijo...

De verdad crees que no brillas.Yo lo he visto,hace poco,pero tu no te das cuenta,y no me escuchas cuando te lo digo.

De todas formas,yo tambien me siento así,a veces.Es bonito lo que escribes,tambien algo triste,me gusta encontrarme tantas veces aquí,se está bien sabes...

Me voy a Bilbao,preciosa.No va a tocar Drive all night.La guarda para ti.

Besos

Amanda dijo...

Lo unico que no cambia es el cambio. Todo fluye, sólo que en múltiples escalas de tiempo y espacio que hay que conocer.

Lo notes o no, te mueves, y puesto que te vemos, brillas.

Es la convicción de tu quietud la que, girándose sobre sí misma, logra disuadirte de lo que para otros es pura evidencia de tu movimiento.

rockdelgo dijo...

pero el brillo y movimiento en algunas estrellas es fugaz y se apagan antes. Cada estrella tiene su tiempo y mientras la tuya siga brillando, todo bien.
Un beso

Para dijo...

Joder, autentico escalofrio, me ha encantado lo que has escrito, durante unos segundos has logrado tranportarme a ese borde de piscina, y me he quedado pensando en todas esas luces que se mueven aunque ellas piensen que no es asi. :)

Jose dijo...

Saludos.

"Las estrellas... acostadas sobre la misma sábana negra de siempre".

Aquí, las luces de la ciudad apagan las luces de las estrellas, con ser estas mucho más brillantes.

Sólo recuerdo que vi algún día, cuando era un chiquillo, allá en el pueblo, brillar las estrellas en gran número. ¿O fue un sueño?

Y ahora en broma, una pregunta: ¿está negra porque es la misma sábana de siempre y no se ha lavado nunca?

Jose.