sábado, 30 de mayo de 2009

Al otro lado de la carretera

Estoy cansada de escucharte decirme siempre lo mismo. Y como me he cansado tanto me ha dado por pensar que quizá es que la que se equivoca soy yo, por contar siempre lo mismo, y por ofrecer siempre la misma cara de todas las monedas que puedo llegar a ser.
Esconderé de nuevo mis mundos oscuros y me los contaré a mí misma. Supongo que de ahí no debieron salir. La gran mayoría de gente siente la necesidad de salvar el mundo, de empujar, de ayudar, de ser teresa de calcuta a cada instante. Yo también quise serlo una vez, lo entiendo. Ahora sólo intento escuchar. Y observar que detrás de cada vida hay mil razones para que sea así. Que cada uno avanza cuando puede, cuando quiere y cuando se ha estrellado. Que nada se puede hacer salvo estar ahí, mostrarte... Eso es lo que yo pienso, pero el resto no lo piensa. Y me quiero esconder. Porque me siento tan desnuda que tengo demasiado frío.
No sé dónde iré, dónde me esconderé ni cuántos días me necesitaré cerca. Nadie quiere escuchar lamentos, nadie quiere la tristeza cerca. Todos buscan verte vestida, porque estás mejor. Y yo, que sí me veo desnuda cada día, que sé lo que llevo dentro, sólo quería abrirme un poco para ver si así agotaba los vacíos y llenaba las grietas. Ahora al verme reflejada en los ojos de los demás, sólo las veo a ellas. Los espejos de los de ahí afuera me ofrecen la imagen de lo que soy? no he sabido mostrarme? quizá sea eso.
Creo que es mejor dejar oculta mi orilla, y pasear por la otra carretera.

5 comentarios:

Sara dijo...

El dolor hace q nos repleguemos, q nos escondamos en profundos agujeros para protejernos de otro zarpazo, de otra lágrima, de otra oscuridad. Pero en ese agujero también nos perdemos la caricia, la sonrisa y el amanecer... pero, todo a su tiempo, verdad?
Gracias por visitarme, un besico.

hécuba dijo...

«Nadie quiere escuchar lamentos, nadie quiere la tristeza cerca»

¿Nadie? Eso es muy general.
Lo que hagas lo tienes que decidir tú, así que si te sientes desnuda y te quieres esconder, perfecto, los demás lo tenemos que respetar (como mucho decirte que no te escondas, pero no sé ni si te va a apetecer que te lo digan), pero decídelo tú por ti, no por lo que piensen, crean o quieran escuchar los demás.
Tus mundos oscuros forman parte de ti, Nebroa. A mí me gustan. Un beso.

Aida dijo...

Yo te pediría que no te escondieses. Yo quiero seguir viéndote por ahí, escribiendo. Tal vez tus letras sean más importantes para el mundo de lo que tú piensas...
Un besote

Bruni, Carla, ¡¡of course!! dijo...

Aunque no somos quien, tal vez penamos que al exponer tus interiores buscabas consejos, pero ahora entiendo que nunca los pediste. Vive tu duelo como quieras,si este blog es tu vía de escape, adelante, enfángate en el dolor, seguro que así lo sacarás todo y podrás empezar de nuevo. Vive tu lágrima, es tuya y nadie es quien para decirte qué debes hacer. NO quiero verte desnuda ni vestida, quiero que sigas siendo lo que te apetezca en cada momento, a mi la autocompasión solo me ha robado momentos de felicidad y mucho tiempo valioso.
Ahora estás en ese lado, pero vendrán otros, todo a su tiempo. Siento haber sido parte de la inspiración de esta entrada. Me esforzaré para que no vuelva a ocurrir

UN beso y palante

Fiebre dijo...

Pues que quieres que te diga...que tienes razón muy a mi pesar.
Gente como tú y yo confiamos en esa cosa llamada empatía, porque la "gastamos", la hacemos nuestra, y desgraciadamente creemos que es patrimonio universal. Y cuando te hace falta un "poquito de"...la encuentras, claro que sí, pero en pocas ocasiones. Entonces concluyes que mejor esconderse durante el transurrir del día,, y mostrarte sólo desnuda, si surge la ocasión, en ese café con el empático-a de turno. Y si no surge...ajo y agua.