lunes, 29 de diciembre de 2008

Madrugadas inquietas: concluyendo la historia

Y se acabó.
Llegó el final de la historia.
La crónica anunciada mostró el punto y aparte.
El sentido común, la lógica, el pensamiento obvio venció, y los sentimientos se frenaron.
Sólo tenemos una vida, un momento, un instante...para aprovechar.
Y cada persona, única y separada decide cómo vivir ese fugaz paso del tiempo...
La que escribe ha decidido buscar nuevos soles, y aire fresco para su alma.
No quiere conformarse con lo que tenía, con esas cervezas nombradas, con esa saliva compartida recordada...
Quiere más, sueña con más, se ilusiona con más, con el doble, con el triple, con lo inimaginable...
Y sueña tanto que la realidad no le llena el alma.
La sensatez se abre paso y protege un corazón demasiado dañado.
Se cubre y se aparta.
No quiere lamentarse más tarde por haber dejado al descubierto sus ganas de amar.
No quiere un hombrre compartido, un hombre frío, un hombre que no se implique como lo hace ella.
Querría suspirar por amor, morir por amor, matarse de amor por alguien.
Es su sueño desde que era una niña.De hecho es la niña la que habla hoy...
Tal vez el tiempo pase, la realidad se muestre frente a ella y le diga que todo esto es un error. Qúe no hay nada más que lo ve.
Que nada de lo imaginado, idealizado y pensado puede hacerse real en sus días.
Tal vez sea eso lo que la espera.
Pero ella quiere estrellarse sola.
Hasta que un muro de hormigón no se estampe en sus ideas y por fin vea que nada se cumplirá, no cesará en su empeño.
Hoy le dice adiós a algo que no quiere.
Pensando que cerrar estas puertas la pondrán de nuevo en la línea de partida.
Mañana llorará, no sabrá si el camino elegido es el adecuado.
Dudará.
Y sólo pido que eso que nos mueve, la guíe, la fortalezca, y la nutra de esperanza, de ganas, de luz...
Todo se mueve, todo cambia, todo empieza y termina...y todo continua...

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